sábado, 29 de octubre de 2011

La Vuelta del Malon

La Vuelta del Malón (1892)
Ángel Della Valle

Cielo, contrapunto de luz y oscuridad: La sensación de vértigo al mirar ese cielo, vértigo e ilusión me invaden en el momento mismo de ver la tela. El cielo sobrecogedor, anuncia la tormenta inminente mientras que en el horizonte la luz intensa del sol se le contrapone. La intensa luz de este amanecer le pasa el cepillo a contrapelo a la historia, atrapando el relámpago en un momento de peligro. Dando vida al malón en su vuelta, permitiendo el retorno de la historia. El arte es magia liberada de la mentira de ser verdad, refiere al mundo empírico y lo niega a cada momento. Si, el malón es eternizado como contrapunto de la barbarie civilizada. Vienen a tomar la sangre, las mujeres y las pertenencias de aquellos que vinieron a tomar su sangre, sus tierras y su vida.
el malón se levanta otra vez, con fuerza irrefrenable extiende un castigo que yo considero justo. Al paso del malon las pequeñas y blancas flores se quiebran, se inclinan. 

El malón vuelve, y da cuenta de que
nada de lo que una vez haya acontecido ha de darse por perdido para la historia. Vuelven al amanecer con su botín arrancado de las entrañas de la civilización europeizante: sus mujeres blancas y su derecho a la muerte representado en la cruz. El malón avanza hacia mí montado en sus caballos, llevando las cabezas de sus enemigos en la montura y amenaza con arrebatarme la cordura civilizada, dejarme realmente bárbara, librada a mis instintos.

Los caballos avanzan con ímpetu espoleados por sus jinetes. La mirada del animal me interpela directamente. Es una mirada franca, serena, absolutamente instintiva, dotada de rasgos humanos. El caballo negro y el caballo albino, avanzan confiados, orgulloso el porte y seguro el paso. El caballo pampa en cambio revela una mirada y una postura corporal diferente. Sus ojos parecen revelar miedo, la inclinación del cuello refuerza esa sensación. Da la impresión de que el animal observara algo frente a si, quizás el futuro, y abominara lo que la civilización hará de sus jinetes.

Un perro corre feliz a la vanguardia del paso de los indios. A pesar de tener una correa el perro es corriendo junto al malón. La correa lo vincula al  indio que lleva la cruz, en un papel que la cruz conoce muy bien: el de estandarte de guerra. Suspendida en el aire en un gesto de triunfo, la cruz refleja los rayos dorados del amanecer. La historia vuelve como un péndulo y la santidad de la mantilla es profanada con la sangre del orador. La barbarie no discrimina a los pastores en su golpe, toma la cruz y la mantilla para sí. Más atrás, otro de los miembros del malón revolea al viento una reliquia, probablemente un cáliz, blandiéndola en el aire como una boleadora. Este símbolo de la cristiandad que transforma al individuo en miembro de la manada de Dios, separando las ovejas de los lobos retorna contra los corderos de la civilización en una violencia material.
Acaso las historias de la civilización y la barbarie son una sola historia. El anverso y el reverso de esta moneda son, para Dios, iguales, en palabras de Borges.

Uno de los miembros del feroz malón sostiene con ternura a la blanca capturada durante el ataque. Al contrario que el resto de la feral procesión, este jinete no está alzando su lanza al cielo en señal de victoria y desafío, sino que parece estar apreciando su botín de largo cabello rubio. La figura de esta mujer rubia, parece estar reposando, entregada a su nuevo destino se ocupa en soñarlo. Arrancada de su cama por la violencia de la tormenta abatida sobre su vida, conservando tan solo el camisón como testigo de las costumbres de la civilización. Esta cautiva rubia se abandona a los vientos del destino. La noche del ataque llovió por última vez sobre su vida civilizada, ahora amanece un nuevo lugar para ella junto a su captor.
El suelo de la pampa, suelo testigo del paso de la civilización encarnada en la conformación del Estado que ha cobijado en su seno tolderías, pueblos y campos infinitos de soja, suelo que ha sido llamada desierto, esta mojado; ha llovido cuantiosamente durante la noche, el barro se agita con violencia bajo los cascos de los caballos. Si, la lluvia ha caído con violencia durante la noche, ha corrido sangre, pero no ha llovido lo suficiente, ni ha corrido la suficiente sangre.  El cielo y la furia del avance de los indios anuncian nuevas lluvias y nuevos combates.


By Dear Alice